¿Hambre de verdad?
El estómago, el cerebro y las hormonas trabajan juntos para regular cuándo tenemos hambre y cuándo estamos satisfechos.
A veces, estas señales no llegan con precisión y eso puede hacer que comamos más de lo necesario o tengamos apetito aunque ya hayamos comido suficiente.
Tipos de hambre
El hambre no siempre es igual, nuestro cerebro puede activar distintos tipos de hambre:
- Hambre fisiológica: Es la clásica señal de que el cuerpo necesita energía. Aparece gradualmente, con sensación de vacío en el estómago, rugidos intestinales o incluso un poco de cansancio o mareo. Después de comer, desaparece y sentimos bienestar
- Hambre emocional: Estrés, ansiedad o tristeza pueden hacernos desear comer aunque el cuerpo ya tenga suficiente energía. Este hambre busca consuelo o placer.
- Hambre ambiental: Los olores, ver comida o incluso imaginar un postre pueden activarlo. Aunque no tengas hambre real, el cerebro dice "quiero eso"
- Hambre hormonal: Hormonas como la grelina (relacionada con el hambre) y la leptina (saciedad) regulan cuánto queremos comer. En algunas personas, especialmente con exceso de grasa corporal o resistencia hormonal, estas señales pueden alterarse, generando hambre aunque ya hayan comido suficiente.
Además, el consumo de azúcar puede hacer que la glucosa suba rápidamente, creando antojos de más dulces. De ahí el "mono de chocolate" que conocemos.
Podemos diferenciar:
Saciedad
Cuando comemos, nuestro estómago, se llena poco a poco y se va hinchando. Entre sus paredes hay receptores nerviosos que detectan el estiramiento y envían señales al cerebro avisando de que "ya hay suficiente comida"
Estas señales activan las neuronas de saciedad y apagan las que generan hambre, indicándole al cuerpo que es hora de parar.
Cosas a tener en cuenta:
- El mensaje tarda un poco en llegar:
- El cerebro suele tardar unos 20 minutos en recibir la señal de saciedad.
- Si comemos la cantidad necesaria, pero se hace demasiado rápido, el cerebro no sabrá que ya está saciado y pedirá más comida de la necesaria.
- Por tanto, comer despacio y masticar bien, nos ayuda a que el cerebro reciba la señal de saciedad a tiempo y tengamos una mejor digestión.
- Cada estómago es distinto: Unos se llenan rápido y otros más despacio (estómagos más grandes)
- Alteraciones en la cadena de mensajes: Puede haber alteraciones en cualquier punto de la cadena de mensajes (estómago, neuronas, centros de saciedad) que alteren el buen funcionamiento y hagan que te sacies más o menos deprisa.
- No hace falta acabar todo el plato de comida: Salvo indicación médica de hacer lo contrario, si ya estás satisfecho, escucha tu cuerpo.

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